Padres

Emilio 24/01/2017

01 Julio 2013

Nuestro caso fue un tanto particular ya que, desde el momento en que mi mujer y yo decidimos adoptar hasta que finalmente tuvimos todos los permisos y autorizaciones de la Comunidad de Madrid, pasaron 5 años. Pero la clave está en no deshincharse y perseverar, aunque al final del camino la Comunidad te diga: “si quieres proseguir con la adopción, tienes que ir por libre ya que las ECAI que operan con Rusia (el país que habíamos elegido) no están acreditadas”. Esto no es lo habitual, pero era la circunstancia que se dio hace 4 años.

Imagínate que te dicen: “vete a Rusia a adoptar un niño”. Lo primero que piensas es “¿y a dónde me dirijo, a quién llamo, a qué puerta toco?”. Pues así nos sentimos nosotros.

Empezamos a rastrear un contacto de una amiga de una compañera de trabajo de mi mujer que hacía 5 años había adoptado por libre un niño ruso, y esa chica fue la que nos dio la primera pista. Nos puso en contacto con la abogada y, a través de ella, conocimos a una colaboradora que nos tramitó todo el proceso de adopción.

 Hablamos del año 2007, mes de octubre, momento en que ninguna región en Rusia podía gestionar adopción de niños con las ECAI de Madrid. Pero ocurrió algo inesperado y se abrió la región de Nizhniy Novgorod (antiguamente llamada Gorky). Es una región muy grande, tal vez la tercera más importante después de Moscú y San Petersburgo a unos 400 km al este de Moscú. Terminamos las gestiones burocráticas y en vísperas de Navidad volamos a Rusia. Conocimos el expediente de un niño de once meses con labio leporino, con la coletilla final por parte de la responsable del departamento de Adopciones que indicó “…y este niño solo tiene esto”. Dijimos SÍ a ese niñito de once meses.

 Al día siguiente fuimos a conocerle a una casa cuna a unos 200 km de Nizhnyi. Era un niño que nació sano, en su tiempo, en una maternidad, pero que a la semana de nacer fue abandonado por su madre. Tal vez se asustó cuando le vio la carita. Porque un niño que nace con el labio fisurado es muy impactante, sobre todo si no lo esperas. Pero para nosotros, bendita sea la madre que lo abandonó porque nos dio la oportunidad de que ese niño sea ahora nuestro hijo.

No le habían operado del labio a los tres meses, que es cuando, al menos aquí en España, se hace. Cuando le vimos por primera vez nos sorprendió con una sonrisa majestuosa, brillante, enorme, a la par que un poco asustado de ver a unos extraños que en seguida tendieron los brazos para cogerle con cuidado para que no llorase. Unos ojazos azules como el cielo encumbraban la carita. No lloró en ningún momento. Al contrario, sonreía y en ocasiones se reía a carcajadas. Esa sonrisa es algo que no olvidaremos jamás.

 Pudimos estar una hora con él, para volver al día siguiente con una orden notarial que nos comprometía a ser sus futuros padres a la espera del juicio. El segundo día pasamos otra hora con él, jugando, gateando, acariciándole y haciéndole fotos para poder enseñárselo a la familia que esperaba ansiosa cualquier noticia que les pudiésemos ir adelantando.

 Nos volvimos a Madrid a la espera de que se cerrase la fecha del juicio y  tres meses más tarde volvíamos a Nizhnyi a comparecer en el juicio y traernos a nuestro hijo. Todo salió como esperábamos y pronto llegó el momento de retornar a casa ya como una familia. Con uno más, con los visados, con el pasaporte, con todo en regla, previo paso por el consulado de España en Moscú.

 Llega el momento de tratar el tema de la fisura. Tiene catorce meses y nadie la ha operado. Se suponía que en Rusia tenían que haberle intervenido pero de nuevo –cosas del destino– cuando estaba en un hospital de Moscú esperando ser operado, cogió una afección pulmonar y no pudieron operarle.

 Aquí pedimos dos valoraciones en dos hospitales donde tratan esta patología con sobrada experiencia. En ambos casos coinciden en que tiene que ser operado con cierta urgencia, ya que tenía que estar empezando a hablar. Nos decantamos por uno en concreto, el Gregorio Marañón, con una cirujana que tomó mucho interés por nuestro hijo y al mes de llegar le intervino cerrando en la misma operación el labio y el paladar.

Con el labio y el paladar cerrados el niño empieza una nueva etapa de su vida. Ya puede comer sin que se salga la comida por la nariz. Comer el rancho de la casa cuna en igualdad de condiciones que un bebé normal cuando se tiene el paladar abierto es muy complicado.

Desde entonces ha sido un niño normal, querido, muy querido. Va al cole, tiene sus amigos, habla mucho…  Por cierto, él no hablaba cuando llegó y cuando empezó a hacerlo, ya fue en castellano. Hoy tiene 5 años. Es fuerte, listo, rubito con sus ojazos azules que desvían la mirada y hacen casi imperceptible la cicatriz del labio.

 Dentro unos años se le hará el injerto óseo para cerrar el maxilar, le tendrán que retocar el paladar, y previsiblemente cuando cumpla los 18 o 20 le harán una rinoplastia para corregir la nariz. Más o menos es el camino que tendrá que recorrer mientras crece feliz siendo un niño normal.

 Nuestro caso fue así. No supimos que el niño tenía fisura hasta tenerlo en brazos. Hay padres que han tenido hijos biológicos y hasta que no han nacido no lo han sabido. Otros lo han sabido durante la gestación y no la han disfrutado y han vivido angustiados de saber que iban a tener un hijo con una malformación. Pero para eso están los especialistas y las asociaciones formadas por otros padres que ya han pasado por esto y que te pueden contar y explicar y aliviar tus miedos, porque esta es una patología que se corrige. Y cuanto más sepamos los padres sobre este tema, mucho mejor podremos encargarnos de que a nuestros hijos se les proporcionen los mejores tratamientos y cuidados.

 No hay que tener miedo ni desesperarse, ya que nuestros hijos son normales a pesar de haber nacido con esta anomalía y llegar a esta normalidad es cuestión de tiempo y de tratamiento quirúrgico y otras disciplinas.